Era un día de verano, como todos los días se disponía a bajar a la playa para librarse del bochorno típico de esa temporada. Cogió una toalla y sus gafas de sol y salió de su piso situado en primera línea de las rocosas playas de Torrevieja.
Nada más pisar la calle le deslumbró un fuerte sol de verano que le hizo cerrar los ojos por unos instantes.
Comenzó su marcha inmerso en sus pensamientos, estaba solo y era cuando mejor pensaba o, mejor dicho, cuando únicamente pensaba en él.
Llegó a la playa, tendió la toalla en la arena y se dispuso a dar un baño. Se sentía tranquilo, calmado, el mar le producía siempre esa sensación, era tan insignificante comparado con su inmensidad...
Todos los problemas eran olvidados cuando se sentía en contacto con el agua, una sensación de libertad, como si pudiera nadar y nadar en toda la extensión del enorme océano sin dirigirse a ningún lugar en particular.
Era feliz nadando y buceando en esa playa que le había visto crecer año tras año desde bien pequeño.
Cuando se vi lo suficientemente arrugado, salió de agua y se dirigió a la toalla a tomar un poco el sol y recoger las cosas para irse.

En ese momento los vio, unos ojos verdes que le deslumbraron aún más que el sol veraniego de esa mañana. Unos ojos verdes que conseguían deslumbrar has la misma esperanza, haciendo creer que sin éstos, la esperanza no sería más que un simple mito.
Una sonrisa, ¿era una sonrisa? Él quiso creer que sí; intentó como pudo recomponerse y devolerla, y se alejaron.

Durante el regreso a su piso no pudo quitar de su mente esos ojos y su color. Ese color que podría haber atravesado su pobre cuerpo y haber observado cada roncón de su alma.
Cuando consiguió meter la llave por la cerradura de la puerta de su casa y sentarse en el sofá, ya los estaba echando de menos.
¿Cómo se podría echar de menos unos ojos sin apenas conocerlos realmente?
Eso daba igual, él lo hacía.
Con este pequeño relato, me desido por una temporada, me voy a veranear a mi pisito de la playa, en Torevieja como podreis comprobar. Y el martes me voy tres semanitas a estudiar a Oxford, por lo que estaré un poco distante.
Pero prometo volver con nuevas historias y relatos para vosotros.
Vosotros prometedme que seguireis ahí, para leeros y hacer que se me caiga la baba con cada palabra escrita en vuestras entradas.
Os echaré de menos lectores.

Mil besos para cada uno de vosotros.
Un pequeñ hasta luego.
David.










