Llueve.
No puede dormir.

No deja de pensar él, y lo peor es que no entiende por que.
Con el daño que le ha hecho...
Sigue lloviendo, cada vez con más fuerza.
Siempre le han gustado los días de lluvia,
lo que más le gustaba hacer en esos días era tumbarse en el sofá con buena compañía y ver una película de esas que tanto le hacían llorar.
Pero ahora estaba solo, y no necesitaba ninguna película para llorar.
Nada en el ordenador. Nada en la televisión. Nada de sueño.
Por el balcón el ruido de algún coche al pasar,
unos jóvenes corriendo para protegerse de la lluvia,
y agua, mucha agua.

Y él, solo y triste, escribiendo palabras sin sentido en un papel hasta que el cansancio se apoderó de él.

El premio venía con una pregunta:




