Pensativo, observador como ninguno.
Tenía una mirada hipnótica, como si pudiera atravesar los cuerpos de las personas y examinar su interior.

Se paró delante de un puesto donde un hombre de color vendía pulseras y anillos hechos con suma paciencia. En ese momento, pasó un chico justo al lado de él, corriendo hacia el puesto.
Cogió una caja de pulseras y salió corriendo no sin antes decir "jódete negraco", las piernas del pobre dependiente no consiguieron darle alcance y se vio de rodillas en el suelo llorando ante la impotencia.
Pensando en lo que habían visto sus ojos, el niño siguió caminando hacia el paseo marítimo, nada más entrar, vio a un niño llorando sentado en el primer banco.
-¿Qué te pasa?
- Me he perdido... snif. No se donde está mi mamá.
- No te preocupes...
No llegó a acabar la frase y vio a una mujer corriendo hacia donde estaban, iba discutiendo al mismo tiempo por el móbil. Cojió al niño de la mano y arrastrándolo se alejaron entre los llantos del niño y los gritos de su madre.
Sin comprender nada de lo que estaba ocurriendo se alejó a la zona de las tiendas. Estaba llena de gente que iba y venía, con bolsas de todo tipo. Entre el bullicio pudo ver a una anciana que quería entrar en una tienda de zapatos. Llevaba el carro de la compra y se apoyaba en una vara. Justo cuando iba a subir el escalón que la conduciría al interior de la tienda, alguien le golpeó por detrás su carrito, la vara tembló ante su mano y cayó al suelo.
Nadie, ni un alma se detuvo a ayudar a la pobre mujer que intentaba recoger su vara para levantarse.
Corriendo, el niño, cruzó la calle y le tendió una mano y una sonrisa.
La anciana las aceptó y entre los dos consiguieron que volviera a ponerse en pie.
Pudo ver cómo lecaían las lágrimas a la pobre mujer... Mientras se las limpiaba se acercó al niño, le revoloteó el pelo, intentó sonreirle y se dirigió al interior de la zapatería.
"Ya basta, ya he visto demasiado".
Se dirigió hacía el faro de la costa de la ciudad para estar solo pensando como es posible que en el mundo hubieran personas así.
En menos de una hora había experimentado lo que era la incomprensión, el racismo, la indiferencia, la despreocupación, la desesperanza.
Aquello no le gustaba. No volvería a ese lugar donde las personas se hacían daño las unas a las otras sin importarles nada más que sus propias vidas.
Sentía impotencia por no poder cambiar el mundo.
Se sentó en una roca junto al faro.
Por primera vez, comenzó a llorar... Sacó sus alas blancas y echó a volar.

No volvería a ese mundo de sufrimientos sin sentido....












