Despúes de dos espesas horas de documentación aplicada a la traducción, consigue salir de clase recuperando la razón e intentándo recordar quien era.
Entre charlas y despedidas sale del edificio I de la facultad de filosofía y letras.
Diluviaba.
Y, de acuerdo con la ley de Murphy, su paraguas se encontraba en su mesita de noche desu habitación.
Maldiciendo por dentro, empezó a correr hacia su piso.

El agua le llegaba por encima de los tobillos y lo único que hacía al correr era salpicarse aun más.
Como pudo consiguió llegar a la carretera que separaba la universidad de su piso, allí un simpático coche que no paró en el paso para peatones le salpicó, más si cabe, y llenó de barro la que era una de suscamisetas favoritas.
Tras conseguir cruzar tal infierno de agua y creer que se encontraba a salvo ya del peligro, al llegar a una segunda carretera pudo observar como se había convertido en una especie de lago artificial. Tras mirar a ambos lados pudo comprobar dos cosas: Una, que dicho lago se extendía más allá de su vista; dos, que no habían canoas para cruzarlo...
Increiblemente consiguió llegar vivo a su edificio, con más agua que ropa encima.
Entró en su habitación y se sentó en el suelo como pudopara recuperarse de tantas emociones, y
se echó a reír como hacía tiempo que no lo hacía.

¿No dicen que hay que ponerle al mal tiempo buena cara?