Sunday, 30 December 2012

Reversible 03

Ilustración de la increíble Henar Bengale

          
          Era un día de invierno, pero no de los que helaban. Hacía sol y la calle estaba despejada. Incluso apetecía darse una vuelta por Les Champs Élysées y tomar un vaso de vin chaud. Sin embargo, Lía y su papá habían decidido sacar la vieja bicicleta que guardaba polvo en el sótano. Apenas la habían utilizado y ya iba siendo hora de quitarle los patinetes.
            —No voy a poder, es muy grande para mí  —dijo la pequeña al subirse sobre el sillín.
            —Claro que sí —la miró a los ojos—, tú eres más grande que ella.
            Poco a poco, Papá le fue explicando cómo lo tenía que hacer: al principio, él la sujetaría por detrás, mientras que Lía ponía los pies sobre los pedales y cogía impulso; una vez que se viera con soltura sobre la bicicleta, la soltaría.
            Y así lo hicieron. Al principio apenas conseguían avanzar un par de metros, pero poco a poco, y con paciencia consiguieron dominar la técnica; hasta que de repente, Lía escuchó a sus espaldas: «¡Te suelto!».
            Lo había conseguido. Ahora sólo era ella y la bici. Sentía la brisa invernal sobre las mejillas y su bufanda oscilar con el viento. Su respiración agitada se llenaba de frío parisino y notaba el latir de su corazón. Nunca antes se había sentido tan viva. A los poco metros empezó a tambalearse y decidió poner los pies de nuevo sobre la tierra; pero lo había conseguido.
            Una segunda vez. Quería volver a volar otra vez. Repitieron la maniobra padre e hija, pero esta vez la bicicleta se desvío hacía un montículo de nieve que sobresalía en la carretera. Lía cayó al suelo, junto con la bici y su padre.
            —¿Estás bien pequeña?
            —Creo que me he hecho sangre en la mano. Me duele mucho.
            —Tranquila —le susurro su padre al odio—. ¿Sabes? Yo, cuando era pequeño, me caí la primera vez que levanté los pies de la tierra. ¡Y no fue la única! Pero así es como de verdad se aprende: levantándose tras cada caída y sin rendirte nunca. Que el miedo a caerte nunca supere las ganas de conseguir lo que te propongas. Vamos, levantémonos y sigamos intentándolo.
            Las palabras de su padre calaron muy hondo a Lía. Volvería a volar, y muy alto. Todos los grandes vuelos conllevan un riesgo, y eso lo sabía. Sin embargo, mereció la pena la caída. Desde aquel día se esforzó el doble para llegar a la meta. Sí, sufrió alguna que otra caída, pero nada que las palabras de su padre no pudieran paliar; esas palabras que siempre conseguían volver a hacerla volar. Su zumo de pájaro favorito.

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La última entrada del año tenía que ir dedicada a ella. 
¿Que por qué? Porque me inspira con cada una de sus ilustraciones y me enamora bajo auroras boreales.
Por ti y por nuestra Noruega.

7 comments:

Luciérnaga said...

:) Me gusta mucho tu forma de escribir.. De plasmar una enseñanza tan profunda en una historia como esta..
Me quedo por aquí, te leo :)
un besito!

Marta Suarez Cota said...
This comment has been removed by the author.
makingmebelieve said...

Y las fábulas con moraleja volvieron a estar de moda :)

Gracias por tu comentario, me estoy enamorando de tu blog!

SweetElizabeth! said...

Que bonito cuando sientes esa pasion por intentar algo no importan las caidas (: me gusta Feliz 2013

Pandora said...

Sabias palabras de un padre buscando atenuar las dificultades de la vida para que nunca se de por vencida
Saludos y feliz año! (:

Bon said...

Todos al leer ésto hemos vuelto a la infancia por unos segundos.
Cuánta razón tiene el padre de Lía, deberíamos aplicar su sabio consejo.


Besos;
(desde
lejos de
París)

Srta.While said...

Que bonita esa imagen, y
que bonito el texto.

(abrazos)

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